La flor de Nox

 El es Nox, habitante de Okon el se encuentra solo en la ladera. Siempre ha sido un chico extraño, a pesar de haber nacido en un mundo sin calor, seco e inhóspito, donde todo es oscuro y no nace la más mínima pasión, el siempre ha sentido que no pertenece a ese mundo, lo consume un vacío en su existencia y lo controla un hambre de cambio e inspiración. 

Cómo todas las repeticiones de su rutina, se sienta solitario a dibujar la perpetua luna, se esfuerza en retratar los cambios y los detalles de su eterna compañera en un desesperado intento de encontrar en su arte una novedad.

Suelta un suspiro frustrado y murmura con la mirada perdida.

—¿No hay nada más? ¿Me encuentro condenado a morir congelado y amargado por la monotonía como todos?

Un sonido interrumpe sus pensamientos, un zorro blanco como el satélite se acerca a olisquearlo, el baja la cabeza para acariciarlo y el animal abusando de la cercanía le roba sus lentes de visión nocturna. Nox furioso se ve obligado a perseguirlo.

Nox se ve obligado a perseguir a la traviesa criatura por un camino desconocido, se abalanza sobre el ladrón y le arrebata sus lentes.

Algo llama su atención y levanta la mirada. Ante el está una planta irreal, adornada con un bello azul y con un atractivo aroma.

Un calor imaginario lo rodea, siente que está en un sueño y decide que ha encontrado su gran novedad.



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